Pontificia Università della Santa Croce
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Ideas para llevar la iniciativa en la comunicaci�n del mensaje cristiano
Il diritto canonico � garanzia di libert�

- 054/96 - 17.05.2006

La comunicaci�n del mensaje cristiano en el �mbito p�blico tropieza hoy con el rechazo que buena parte del clima cultural siente contra el pensamiento fuerte del cristianismo. Ante esa situaci�n no basta una actitud defensiva: es preciso saltar al ruedo y promover el propio punto de vista con iniciativa y profesionalidad. Sobre estos temas se ha hablado en un seminario internacional sobre Iglesia y comunicaci�n celebrado en Roma, del que reproducimos algunos pasajes de cuatro intervenciones (1).
En un clima cultural desfavorable. Secretario de la Congregaci�n para la Doctrina de la Fe
Hoy, los obstáculos a la comunicación del evangelio no son sólo las persecuciones en el mundo existen todavía cristianos a los que se niega la libertad de profesar su fe bajo pena de cárcel o de muerte sino sobre todo el pensamiento débil de la cultura postmoderna, que rechaza el pensamiento fuerte de la revelación cristiana.
Por ejemplo, la propuesta antropol�gica cristiana de presentar al hombre y la mujer como imagen de Dios, y de interpretar la existencia humana como peregrinaci�n para llegar a una perfecta comuni�n con Dios Uno y Trino, se ve fuertemente obstaculizada por un profundo clima de cultura nihilista, relativista, biotecnol�gica, que se ense�a no s�lo en las aulas universitarias, sino que se difunde capilarmente, con insistente martilleo, a trav�s de los medios de comunicaci�n y es absorbida por la llamada "gente com�n" (...).
A este desaf�o cultural postmoderno se a�ade ahora la debilitaci�n en los fieles de aquel sentido eclesial que los santos defin�an como "amare cum Ecclesia et sentire cum Ecclesia". No es raro que en vez de ser considerado comunicaci�n de la verdad de Dios sobre el hombre y sobre su salvaci�n, el Magisterio venga calificado como una simple opini�n, y como tal arbitrariamente desatendido, contrastado, rechazado. Se echa en falta la obediencia de la fe y la confianza en la eficacia de la Palabra de Dios para iluminar nuestra historia personal y comunitaria. A la verdad de Dios se prefiere la opini�n del "yo" (...).
Hay que tener presente tambi�n la extrema pobreza cultural de buena parte de los fieles cristianos, que con frecuencia no saben dar las razones de su esperanza. No se puede explicar de otro modo el extra�o �xito de una novela obstinadamente anticristiana como "El C�digo Da Vinci", lleno de calumnias, ofensas y errores hist�ricos y teol�gicos en relaci�n a Jes�s, los Evangelios, la Iglesia. Calumnias, ofensas y errores que si hubieran sido dirigidos al Cor�n o a la Shoah habr�an provocado justamente un tumulto mundial; sin embargo, dirigidos hacia la Iglesia y los cristianos quedan impunes. Pienso que, en estos casos, los cristianos deber�an ser m�s sensibles al rechazo de la mentira y de la difamaci�n gratuita (...).
Para contrarrestar esta p�rdida de identidad cat�lica, el Santo Padre ha donado a la Iglesia el "Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat�lica", el libro de los dos Papas, porque fue querido por Juan Pablo II y realizado por Benedicto XVI. El "Compendio" ofrece en s�ntesis el cuadro completo y esencial de la fe cristiana profesada, celebrada, vivida y rezada.
Tomar la iniciativa. Juan Manuel Mora. Universidad Pontificia de la Santa Cruz
Para lograr que su imagen p�blica refleje la realidad, las instituciones no pueden conformarse con una pol�tica de comunicaci�n reactiva, defensiva, que se limite a salir al paso de las interpelaciones externas. Las instituciones, conocedoras de su identidad, due�as de sus actos, pueden ser tambi�n "configuradoras" de su imagen. Si la imagen no responde a la identidad, nada se logra echando la culpa a terceros (...). La convicci�n [de que la comunicaci�n no inventa la identidad, que ha sido recibida], no invita a la pasividad, sino a la iniciativa.
Una de las formas m�s eficaces de trabajar con mentalidad emprendedora es la que se suele denominar "direcci�n por proyectos". Los proyectos son iniciativas concretas que expresan la identidad de la instituci�n, la muestran "en acci�n", al servicio de la sociedad en la que vive. El comienzo de un hospital, la presentaci�n de un documento doctrinal, la restauraci�n de una obra de arte, son actividades que pueden pasar inadvertidas, o bien pueden convertirse en proyectos comunicativos de gran eficacia. Son eventos que permiten dar a conocer un rasgo de la identidad cristiana, una parte del mensaje de la Iglesia, de modo visible y concreto, pegado al terreno.
El trabajo de comunicaci�n institucional puede resumirse en descubrir proyectos interesantes, y transformarlos en oportunidades de comunicaci�n. El inter�s de los proyectos es mayor cuanto mayor sea su capacidad de expresar la esencia de la instituci�n: basta pensar, por ejemplo, en la fuerza comunicativa que poseen las obras de caridad, siempre que se transmitan con el tono debido, sin paternalismo ni inmodestia (...).
La direcci�n estrat�gica de la comunicaci�n obliga a no perder nunca de vista lo esencial. Y lo importante para la Iglesia es transmitir su "mensaje de salvaci�n". Como consecuencia, en el trabajo de un departamento de comunicaci�n ocupa un lugar preferente todo lo que se refiere a los contenidos: la reflexi�n compartida que permite comprender mejor la propia identidad y transmitirla al propio entorno; la b�squeda de expresiones nuevas acerca de la vida, la familia, la gracia, la educaci�n, la caridad, la paz, los sacramentos; el esfuerzo por mostrar que la Iglesia es relevante, fuente aportadora de sentido.
El director de comunicaci�n no es un espectador, sino un guionista, que est� siempre pensando el modo de contar historias interesantes y atractivas, que muestren la realidad de la Iglesia en sus aspectos fundamentales. Esto implica que debe dar gran importancia a la observaci�n, al di�logo, al estudio: a toda la dimensi�n intelectual de su tarea.
Aunque otras tareas parezcan m�s urgentes o eficaces, ning�n aspecto del trabajo de comunicaci�n institucional es m�s importante que las relaciones profesionales. En particular, para un departamento de comunicaci�n son fundamentales las relaciones con periodistas y creadores de opini�n, a los que es preciso prestar un servicio de calidad, como fuente autorizada de informaci�n. El departamento de comunicaci�n tiene que lograr que estas relaciones no tomen la forma del conflicto, sino de la colaboraci�n, siempre en el respeto de la mutua independencia.
La religi�n en los medios cat�licos. Dino Boffo. Director del diario "Avvenire"
Si la religi�n no es solo un aspecto de la vida sino la luz que la ilumina por entero, as� debe ser tambi�n en los medios de comunicaci�n cat�licos. (...)
�De qu� deben hablar? De todo, absolutamente de todo, teniendo presente, y haciendo que sea palpable, que creer es moderno. Hablar de todo sin dejarse contagiar de la opini�n extendida seg�n la cual la religi�n ser�a un hecho residual (...). Hablar de todo tambi�n dentro de la cr�nica estricamente eclesial. Lo importante es que salga a flote la vida de la comunidad sin omisiones. Hay, por ejemplo, una religiosidad popular que raramente encuentra espacio y que es preciso relatar con la misma atenci�n y respeto que merecen otros eventos eclesiales tal vez m�s cultos, subrayando los valores y los l�mites; intentado decir qu� puede ense�ar esta religiosidad a quien privilegia otras formas de expresi�n de la fe y de qu� deber�a saberse librar.
El empeño por el diálogo interreligioso nos lleva a mostrar atención por todas las manifestaciones de la fe, con la convicción de que el conocimiento recíproco en la verdad y sin falsas mezcolanzas genera estima y constituye el primer ladrillo para construir relaciones de paz.
¿Hablar de todo, también de las noticias más incómodas, incluso de los escándalos que de vez en cuando golpean la comunidad eclesial? También. Para no dejar que quien hable sean solo los medios con prejuicios, que aprovechan cualquier ocasión y a veces la crean aposta para reafirmar la incoherencia y hasta la hipocresía de una Iglesia que tal vez predica bien pero se comporta mal. Se trata de hablar de las limitaciones, de las insuficiencias, de los errores de las personas que forman parte de la imperfecta comunidad humana que es la Iglesia. Sabiendo al mismo tiempo que nada puede dañar la santidad de la Iglesia fundada por Cristo, en la que Cristo está presente.
Se trata de hablar de los errores, incluso graves, de las personas, con la misma severidad y también con la misma caridad y a veces la misma "pietas" que se debe a los errores cometidos por cualquier persona en cualquier campo. Hablar con prudencia, pero sin reticencias o temores porque Dios es más grande que nuestros pecados. Tratar esos temas de modo sobrio, sin el regodeo de quien ama el sensacionalismo. Está en juego no solo la credibilidad y el crédito, sino que aquí no nos está permitido cometer errores de calibre u omisiones (...).
[Sobre los errores de los medios católicos:] el primero es la obviedad, el cansancio, el aburrimiento que con compasión con nosotros mismos hacemos pasar por evangélica prudencia cuando solo es banal pereza. Algunas páginas de información religiosa lo digo con una pena infinita o algunas noticias de televisión comunican un indescribible sentido de cansancio. Ni tan siquiera un guiño, una invención, nada de original que ayude al lector o telespectador a pararse 
Y sin embargo aquí, alrededor de nuestra capacidad también profesional por sorprender, nos jugamos un desafío fundamental; y no por el gusto por lo curioso sino por nuestra capacidad de hacer que la religión sea lo que efectivamente es o debería ser: un evento impresionante. si Jesucristo hubiera sido previsible, descontado y aburrido, ¿a quien habría fascinado? ¿Quién le habría seguido? No existe un "manual para sorprender", todo depende de nuestra sensibilidad, de nuestro deseo por mejorar y no dejarnos capturar por la rutina.
Otro error, tan banal como com�n, es el clericalismo. En el campo de la informaci�n religiosa en los medios cat�licos consiste en utilizar el filtro jer�rquico como �nica y predominante clave de lectura. En la pr�ctica significa que "la religi�n" se reduce al Papa, los obispos y poco m�s. Lo ir�nico del caso es que, en este campo, son los medios "laicos" quienes se muestran m�s clericales, los primeros que ignoran la vida del pueblo cristiano y reducen su perspectiva a la jerarqu�a (no a toda, sino limitada a algunos monse�ores bien seleccionados). Y despu�s hablan de d�ficit de democracia... Demos nosotros el buen ejemplo de no clericalizar la informaci�n religiosa, empezando por el lenguaje.
Un caso pr�ctico: ante "El C�digo Da Vinci. Marc Carroggio, Brian Finnerty. Oficina de Informaci�n del Opus Dei (Roma, Nueva York)
S�lo despu�s del estreno de la pel�cula ser� posible realizar un balance completo. Por el momento podemos mencionar tres resultados positivos del esfuerzo de comunicaci�n:
1. Colaboraci�n eclesial. Se ha generado un clima de cooperaci�n entre numerosas instituciones eclesiales, con el fin de contribuir entre todos a dar a conocer mejor la Iglesia y la persona de Jesucristo. Adem�s, llegan noticias de personas que se han acercado a la Iglesia gracias a las respuestas que ha provocado "El C�digo Da Vinci".
2. Colaboraci�n con periodistas. La cobertura por parte de los medios de comunicaci�n durante el primer trimestre del a�o 2006 ha sido muy amplia. Mientras la empresa productora ha invertido ingentes sumas de dinero para "vender la pel�cula", los cat�licos han intentado "contar su historia", y proporcionar informaci�n a los periodistas.
3. La respuesta ha llegado. La acci�n anticipadora ha creado una conciencia general creciente de que "El C�digo Da Vinci" es falso e injusto en su representaci�n del cristianismo, de la Iglesia cat�lica, del Opus Dei y de la historia. La opini�n p�blica est� poniendo el fen�meno "El C�digo Da Vinci" "en su sitio", como el producto m�s reciente de una suerte de "pseudo cultura popular" sin conexi�n con la realidad.
Frente a este clamor, el autor del libro ha tenido que hacer cuatro revisiones sucesivas de la p�gina "Fact" (los "hechos" sobre "El C�digo Da Vinci") de su sitio web. Las siguientes cuatro declaraciones proceden del "website" de Dan Brown y responden a la misma pregunta: "�En qu� medida la novela est� basada en hechos reales?":
- 28/8/2003: "Totalmente. Todas las obras de arte, todos los lugares, todos los documentos históricos y todas las organizaciones descritas en la novela existen (...)". 
- 17/1/2004: "Todas las obras de arte, todos los lugares, todos los documentos históricos y todas las organizaciones descritas en la novela existen (...)".
- 11/5/2004: "'El Código Da Vinci' es una novela, es decir, una obra de ficción. Aunque los personajes del libro y sus acciones, evidentemente, no son reales, las obras de arte, la arquitectura, los documentos (...)".
- Actualmente (30/1/2006): "'El Código Da Vinci' es una NOVELA, es decir, una obra de ficción (...)".
"El C�digo Da Vinci" nos ha dado hasta ahora muchos dolores de cabeza que, ciertamente, hubi�ramos preferido evitar. Junto a ello, hay que reconocer que la decisi�n de comunicar abierta y positivamente nuestro punto de vista, de manera proactiva, ha proporcionado una estupenda ocasi�n para hablar sobre la fe cristiana, la Iglesia cat�lica y esa peque�a parte de la Iglesia cat�lica que es el Opus Dei.